Maceió, mucha playa

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Uno de los viajes que tenía anotado desde hace mucho en mi lista era conocer al nordeste de Brasil. Y es que el nordesde se supera así mismo a cada kilómetro que logras avanzar por la carretera ya que cada trozo de costa es más hermoso que el anterior. De toda esta oferta de lugares me quedo con Maceió, la capital del estado de Alagoas, no necesariamente porque tiene las comodidades de una gran ciudad, sino porque hicimos conexión inmediata como todo lugar que tiene algo especial flotando por ahí.

Mi sitio de hospedaje en Maceió fue el hostel Brazuka, un cómodo lugar a 10 minutos caminando de la playa Ponta Verde. Desde ahí recorrí gran parte de la costa de Maceió, buscando momentos y personajes que me hablaran de la ciudad. Tuve la suerte de encontrarme con los pescadores artesanales que después de las 2 de la tarde volvían a la playa con la pesca de la mañana. Aquí creo que hice mis mejores fotos y tuve la oportunidad de compartir mucho con la gente.

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Si bien es cierto la playa está dominada por los turistas, siempre habrá un espacio para encontrar un detalle que el resto pasa por alto. Mi jornada comenzaba muy temprano y antes de las 08:00am ya estaba con mi cámara en la playa para comenzar la caminata. Fue uno de esos días que me quedé mirando cómo un grupo de amigos jugaba fútbol sobre la exquisita arena de Ponta Verde. Desde niño que tenía la misma estrategia y cada vez que me daban ganas de jugar una «pichanga» como dicen en Chile a los partidos informales, me paraba muy cerca del arco a mirar el juego. Y la oferta finalmente llegaba: ¿quieres jugar?, me dijo una voz a lo lejos. Claro, respondí y me integré sonriente al partido.

La sensación de patear descalzo una pelota es extraña, mitad placer mitad dolor, pero luego de una hora correteando el balón ya no sientía los golpes y mis pies, que lucían colorados, podían aguantar heróicos un rato más. Bajo el inclemente sol del mediodía, terminamos el partido y quedamos nuevamente todos como amigos, las patadas y los codazos se quedaron en la playa.

Partido de fútbol

No podía dejar Ponta Verde sin antes tomarnos una foto como equipo de fútbol, muy poco glamoroso pero equipo al final. Después de todo, había jugando un partido en la playa con los pentacampeones del mundo y el momento merecía una instantánea. Al igual que en las «pichangas» de barrio, juntamos algunas monedas y compramos unos «refrigerantes» (soda, bebidas)  para compartir sentados en la vereda.

Despedí a mis amigos para continuar caminando, con la sensación de que por un rato dejé de ser un extraño en Maceió.

©Nelson González Arancibia / fotógrafo Behindatrip

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