Plaza de Bolívar, Bogotá, Colombia

Plaza de Bolívar, Bogotá, Colombia

Recién llegados a Bogotá salimos con la cámara a conocer el centro sin llevar un mapa en la mochila, esperando que la ciudad nos invitara a descubrirla espontáneamente. Somos de esos visitantes que no necesariamente buscan los lugares turísticos para retratar el espíritu de una urbe.

La Plaza de Bolívar en Bogotá es uno de esos sitios a los que llegas por la fuerza de atracción que genera la energía del lugar. De pronto nos vimos en medio de un gran espacio urbano salpicando imágenes desde sus cuatro esquinas, estábamos en la plaza más importante de Bogotá y de toda Colombia, el centro del país. Y más allá de que en el mismo lugar se encuentre la Catedral Primada de Colombia, el Palacio Liévano sede de la Alcaldía Mayor de Bogotá, el Palacio de Justicia y el Capitolio Nacional sede del Congreso de la República, a nosotros nos parecía más atractiva de fotografiar la gente que le da vida al lugar.

Apenas llegamos nos encontramos con cientos de palomas montando la coreografía para los nuevos visitantes de la plaza: los vendedores de maíz por un lado, los fotógrafo de plaza por otro, nadie se resiste a que un puñado de aves se les cuelgue del brazo.


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Don Marco Antonio, un hombre mayor con un paraguas piensa que somos periodistas y no pierde oportunidad para difundir sus ideas. Nos entrega una declaración impresa en un papel y nos cuenta ser parte de los llamados «desplazados», personas que han debido dejar sus casas producto de la violencia y todo lo que hay detrás. Le piden al gobierno ser indemnizados por todos sus sufrimientos, que no son pocos. Lo escuchamos atentamente y nos despedimos con un apretón de manos.

A pocos metros un hombre nos promete emociones fuertes. Una de sus habilidades es tragar cigarrillos encendidos. Señala que trabaja todos los días en la plaza comiendo vidrio molido para los turistas, pero que ya es tarde y debe volver a su casa. Imaginamos que tiene dolor de estómago y lo dejamos partir. Para otro día será esa foto.


En el centro de la plaza un grupo de personas se reune a orar mientras el resto observa la escena como algo habitual. Se ven concentrados y cada uno parece meditar por su cuenta. Esto no tendría nada de extraño de no ser por la intensidad que ponen en la plegaria, de hecho es posible escucharlos a cierta distancia lo que atrae miradas y atención.

La última charla la tenemos con Paula, una chica que pasea con su madre y su pequeño hijo. Nos habla de la amabilidad de la gente y la hospitalidad del colombiano en general. Y tiene razón, porque nuestra primera experiencia en Bogotá ha sido muy generosa, plagada de estímulos visuales en un entorno acogedor. La Plaza de Bolívar invita a expresarse y eso es lo que hacen los bogotanos, más allá de los roles que les corresponda interpretar.

Nelson González Arancibia / Wladimir Olguín Bazaes

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