Heladerías Coppelia, Cuba

Hace algún tiempo mirando el programa de viajes Lonely Planet de la BBC sobre Cuba, me llamó la atención un pequeño segmento dedicado a una heladería en La Habana. No mencionaban su nombre, pero la fila para ser atendido era tan larga que daba la vuelta a la esquina. El presentador Ian Wright se sorprendía del porqué los cubanos esperaban tanto tiempo para tomar un simple helado. Luego, Wright habló con un dependiente quien en pocos minutos le trajo su helado y le encontró una mesa vacía para disfrutar de él. El hecho me quedó dando vueltas y una vez en Cuba me dispuse en averiguar qué tanto de realidad tenía el relato de Lonely Planet.

Se trataba de las heladerías cubanas Coppelia, famosas en todo mundo por poseer los locales más grandes y vender el más delicioso de los helados. El ambicioso proyecto de competir con las grandes productoras de helado norteamericanas fue impulsado por Fidel Castro, para lo cual se importaron  modernas máquinas desde Suecia y los Países Bajos. La «Catedral del Helado» abrió sus puertas en 1966 en La Habana constituyéndose en un orgullo para los cubanos.

Para ser fiel a la realidad y descubrir qué tan bueno es su helado, visité el Coppelia La Arboleda en Santiago de Cuba. Me encontré con un local tan grande que parecía una plaza y que al caer la tarde era invadido por el canto de unos pequeños pajarillos llamados pitirres. La gente al igual que en La Habana hacía fila en la entrada porque todas sus mesas estaban llenas. Entonces recordé a Ian Wright y pedí hablar con un dependiente. Mi pregunta fue ¿debo hacer la fila para tomar helado?, con la cámara fotográfica colgando del hombro y mi extraño acento neutro. De inmediato me llevaron a una mesa vacía y me recibieron la orden, mientras una fila de por lo menos 30 personas seguía esperando para entrar. Debo reconocer que esto no me enorgullece para nada, pero entiendo que así funcionan muchas cosas en Cuba: el turista primero.  Los empleados del local son muy amables y superan los 15 a la vista. Una chica me ofrece los sabores  que tienen disponible: chocolate, malta y almendras, muy lejos de los 25 sabores prometidos en 1966. Sobre la crítica gastronómica sólo puedo comentar que me trajeron un helado casi derretido por problemas en la refrigeración, pero que era tan barato que decidí repetir: dos copas de helado y una bebida cola, por menos de 1 CUC.

For some time looking at the travel television show Lonely Planet by BBC on Cuba, I was struck a small segment dedicated to an ice cream parlor in Havana. Do not mention his name, but the row to be seen was so long that the turning the corner. The host Ian Wright is surprising why Cubans waited so long to take a simple ice cream.Then, Wright spoke with a dependent who within minutes brought their ice cream and found an empty table to enjoy it. The fact was circling me and once in Cuba I decided to find out how much of reality had the story of Lonely Planet.

It was the Cuban ice cream Coppelia, famous worldwide for own larger premises and sell the most delicious ice cream. The ambitious project to compete with the major American producers of ice cream was driven by Fidel Castro, for which modern machines from Sweden and the Netherlands were imported. The «Cathedral of ice» opened its doors in 1966 in Havana and becoming a pride for Cubans.

To be faithful to reality and discover what so good is their ice cream, I visited the La Arboleda Coppelia in Santiago de Cuba. I found a place so big that it looked like asquare and that the afternoon was invaded by the singing of a few small birds called pitirres. As people in Havana did row in the input because all the tables were full. Then I remembered to Ian Wright and asked to speak with a dependent. My question was should I do the row to take ice cream?, with the camera hanging from the shoulder and my strange neutral accent. I was immediately taken to an empty table and received me the order, while a row of at least 30 people was still waiting to enter. I have to admit that this proud not to me for anything, but I understand that so many things in Cuba work: the first tourist. The local employees are very friendly and exceed 15 in sight. A girl gives me the flavors that are available: chocolate, malt, and almonds, a far cry from the 25 flavors promised in 1966. About the food critic can only comment that they brought me an ice cream almost melted because of cooling problems, but that it was so cheap that I decided to repeat: two cups of ice cream and a cola, for less than 1 CUC.

Fotografías ©Nelson González Arancibia

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