I love India

La típica frase “señores pasajeros en los próximos minutos estaremos aterrizando en la ciudad de Mumbai” me sacó de mi estado semidormido del vuelo entre los Emiratos Arabes y la India. Aún no aterrizaba el avión y el impacto cultural ya era evidente. El sobrevuelo a pocos metros de los barrios marginales conocidos como Slums, me dejó literalmente en shock.

La India es conocida entre otras cosas por su devoción, a pocos minutos de aterrizar puedes ver la gran variedad de vestimentas religiosas que lleva la gente, ese mix de colores te da la bienvenida al País de los Dioses.

Luego de pasar el control migratorio y hacer ingreso legal al país, me dirijo a buscar un taxi camino al lugar que será mi casa en Mumbai. Aquí los timadores son unos verdaderos cracks!!, te dirán que tu hotel está lleno o que ya no existe y harán lo posible por llevarte a otro hospedaje a cambio de una pequeña comisión. Luego de discutir para que me trasladen al hotel que yo elegí, comenzamos a transar el valor del taxi. La India es un país económico y muchas veces los precios de las cosas te parecerán ridículos, pero no te dejes llevar por eso, el valor por un taxi desde el aeropuerto a mi hotel costaba 100 rupias (1USD) y me estaban cobrando 1.800 rupias (18 USD). Siempre es bueno preguntar a la gente local cuánto es lo que deberías pagar por algo y así tener una referencia de los valores reales y evitar que te estafen.

Mi hotel no quedaba cerca del centro y estaba lejos de todas las zonas turísticas de la ciudad. Para llegar al centro debía tomar el metro y luego hacer combinaciones con el tren local de Mumbai. Mi primer viaje se volvió toda una experiencia, comprar los tickets es fácil pero diferenciar qué ticket compraste es todo un desafío, los nombres de las estaciones están en sánscrito y se hace imposible de entender. La India es un país súper poblado y la gran mayoría usa el tren para trasladarse ya que es la opción mas económica y muchas veces la más rápida. Un ticket de tren cuesta 20 rupias (20 centavos) y al ser la mejor opción para la gente local los trenes viajan completamente llenos. Aquí no se respeta nada, todos se empujan, todos gritan, todos corren y tu ahí en medio de toda esa locura sin saber qué hacer ni que tren tomar. La masa de personas literalmente me hizo entrar al vagón a empujones.

Todos corren a un costado del tren tratando de subirse, te toman de los brazos o de donde sea, su misión es abordar el carro de cualquier modo. Al aumentar la velocidad la gente comienza a empujarse dentro del vagón, deben quedar cómodos para un viaje de casi una hora. Yo me aferraba al pasamanos de la puerta del tren con más de la mitad del cuerpo colgando mientras un monje se iba quedando dormido cabeceando en mi hombro y una mujer musulmana me miraba fijamente entre su burka negra.

Luego de un viaje de casi una hora llego a la estación Churchgate donde las ratas, las gente pidiendo dinero y los taxistas tratando de estafar a alguien te dan la bienvenida. Esta estación también es una locura: gente corriendo por todos lados, grupos de personas sentadas en el suelo tomando chai, olor a incienso por todos lados y yo ahí nuevamente sin saber que hacer.

Los primeros días en Mumbai los pasé entre mercados callejeros y la odisea de encontrar comida. Cuando estás lejos del centro turístico es difícil dar con un restaurante que sea limpio y que te garantice que no enfermarás luego de comer. En mis viajes la mayor parte del dinero que gasto es comida y por lo general no soy tacaño cuando de buena mesa se trata, pero en Mumbai estar lejos del centro te obliga a experimentar. Luego de mi primera comida sufrí dolor de estómago y fiebre que por suerte desapareció al día siguiente.

La India es una país de extremos, por esa razón al visitarlo sólo tienes dos opciones: o lo amas o lo odias y yo a las pocas horas de llegar ya le estaba declarando mi amor eterno. Uno de los lugares que quería visitar que me impactó cuando aún no aterrizaba en la ciudad, eran los Slums, los barrios marginales de Mumbai. Hasta hoy el lugar conocido como Dharavi es el barrio marginal más grande del mundo. La pobreza en ese lugar y la mezcla cultural hacen de los Slums algo impactante. El ruido de los vehículos y motocicletas tocando sus bocinas por las angostas calles se mezcla con el sonido de las oraciones que sale de los templos y mezquitas de la zona, al mismo tiempo los talleres callejeros hacen de esta escena un concierto acústico.

Al caminar por los Slums tus 5 sentidos estarán funcionando mejor que nunca. Por primera vez pude sentir el olor de la miseria. El olor a excremento y aguas servidas se revuelve con el incienso y las diferentes comidas callejeras que ahí se preparan. Fogatas en las calles queman basura y la comida descompuesta de los animales está esparcida por las pequeñas calles.

Entre toda esa locura está la gente, están los marginados de Mumbai, los que no tienen dinero ni ayuda del gobierno por no tener una dirección, por eso tampoco pueden enviar a sus hijos a las escuelas. La forma de enseñar a los niños de los Slums es a través de voluntariados pero no son suficientes. Todos estos problemas han hecho denominar al barrio de Dharavi “La Ciudad de la Eterna Miseria”.

Durante los días que recorrí estos barrios también conocí los trabajos artesanales con los que la gente se gana la vida, como reciclado de metales, cartón, papel y plástico, además de talleres de reparación de equipos electrónicos.

Durante estos días Mumbai se prepara para su evento más importante, el festival de Ganesh Chaturthi en honor a su dios Ganesha, el Dios Cabeza de Elefante.

Mumbai es una urbe loca y rápida, donde miles de cosas pasan a tu alrededor. Luego de algunos días recorriendo la ciudad me di cuenta que mi tiempo ahí no fue suficiente, por lo que he decidido volver por más.

Wladimir Olguín Bazaes / Fotógrafo Behindatrip

 

 

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