Nueva Delhi, India

Nueva Delhi, la Capital de la India.

A pocos minutos de estar en esta ciudad ya me sentía completamente extraviado. En un papel tenía anotada la dirección de mi hotel y lo único en lo que pensaba era en cómo llegaría a ese lugar. Hay una frase que dice “preguntando se llega a Roma” y me sentía tan perdido después de tanto caminar que pensé me encontraría con el Coliseo Romano en frente. La gran población de La India hace que sus calles sean una total locura. Las pocas personas que hablan Inglés lo hacen con un acento indio muy fuerte, difícil de entender. Luego de dar vueltas por más de 3 horas por las calles cercanas a las estaciones del Metro, llegué finalmente a mi destino.

Mi hospedaje quedaba en el centro de la Vieja Delhi y si la Nueva Delhi ya es una locura, ¡imaginen cómo es la vieja!. Al salir del hospedaje te encuentras con decenas de rickshaw, una versión asiática de las bicitaxi. Al verte como un turista los conductores se acercan inmediatamente ofreciendo traslados por toda la ciudad y si te detienes a escuchar un segundo, llegan más y más!.

Aquella tarde atravesé el mercado de Delhi y el paisaje era perturbador: gente cocinando a lo largo de las estrechas calles, ancianos y discapacitados esparcidos por el suelo, niños siguiéndome tratando de obtener algún dinero. La gente que vive ahí tiene sus camas junto a los muros, incluso con televisión, todo ahí en la calle. La ropa luego de lavarla la cuelgan en las paredes o en cualquier lugar donde tengan espacio, las motocicletas y rickshaws pasan tocando sus bocinas tratando de abrirse paso entre toda esa locura. El sol comenzaba a irse y la vieja Delhi quedaba bajo las cálidas luces de las fogatas.

La primera noche en Delhi tuve la suerte de toparme con una verdadera tradición hindú, el festival Janmashtami que celebra el nacimiento de Krishna quien se cree es la reencarnación del Dios Visnú. La gente se prepara en las calles para la celebración y también en los templos hinduistas. Luego de caminar por estrechas calles repletas de mercados con venta de telas de llamativos colores y pétalos de flores, pude llegar al centro de la ceremonia. Tuve que quitarme las zapatillas y entrar descalzo, mientras la gente agitaba sus brazos en alto de un lado al otro. A través de los parlantes se escuchaban oraciones y una suave melodía de acordes hindúes, mientras los asistentes seguían agitando sus brazos. No pude hacer fotos en el interior del templo pero la experiencia ya era totalmente nueva para mi.

Salir de noche por las pequeñas calles de la vieja Delhi es salir a lo desconocido y a lo salvaje. Debía caminar a un restaurante que estaba cerca de mi hotel y el avanzar unos cuantos pasos se transformaba en toda una experiencia. En cada viaje que he realizado he conocido gente con historias realmente increíbles y la India no fue la excepción. En una de mis caminatas nocturnas conocí a Shivaraja Giri, un shadu, un monje hindú que estaba acompañado por su discípulo, Baba. El shadu levantó su brazo sosteniendo un trozo de madera como si fuera un cetro y me dijo “hey tú, el de la cámara, ven aquí!”. Al acercarme todos los que estaban a su alrededor comenzaron a hacerme espacio para que me sentara a su lado.

Mientras este monje me hacía miles de preguntas, su ayudante Baba preparaba una pipa con marihuana para su maestro. Comenzaron todos a fumar y la conversación se puso más interesante. El maestro shivaraja me preguntó sobre mi vida personal y también me dio la opción de hacer lo mismo. Le pregunté ¿qué es un shadu? y su respuesta duró cerca de 2 horas.

Un shadu es un monje hindú que sigue el camino de la penitencia, renuncian a lo innecesario y viven una vida de modestia y humildad. Dentro de las fases de la religión hindú, ser un shadu es la última etapa después de estudiar, ser padre y ser un peregrino. La cuarta etapa es renunciar a todo lo mundano y vínculos en general que los unan con lo terrenal y material. Dedican la mayor parte de su tiempo a la meditación y aprenden el control de la mente y cuerpo hasta convertirse en maestros del yoga. Viven en templos o en las calles y la gente les regala alimentos o dinero. En La India son muy respetados y en las calles puedes ver a varios de estos monjes vistiendo sus ropas de color azafrán.

Una de las cosas que Shivaraja Giri me dijo, fue que yo era sabio. Me dijo que los ojos de una persona son una ventana al alma y que él podía ver a través de mis ojos muchas cosas buenas. Luego, terminó sus comentarios con una pregunta: ¿qué harás con la sabiduría que acumulas en tus viajes?, ¿qué harás con la sabiduría que estás ganando en esta vida?. Mi respuesta salió disparada como si hubiese estado en mi mente esperando este momento por mucho tiempo, le dije “quiero ser padre y transmitirle esto a mis hijos” el shadu me miró y sonrió.

Al día siguiente me invitaron a una ceremonia en un templo Sij, otra de las tantas religiones que hay en la India. Este templo era gigante y la gente hacía largas filas para poder entrar y lavarse los pies. Hay una frase española que dice “donde fueres haz lo que vieres”, así es que me puse a la fila y esperé mi turno para lavarme los pies.

Al interior del templo la gente estaba de rodillas con la frente en el piso, luego levantaban la cabeza y volvían a repetir el movimiento. Algunas personas comenzaron a mirarme con rostro de curiosidad así que me arrodillé y comencé a hacer exactamente lo mismo. Luego de eso salí del templo principal y me fui a caminar por los alrededores donde un sij comenzó a hablarme en su idioma. No le entendía nada pero traté de poner mi mejor cara. Luego de algunos minutos me acompañó a lavarme los pies nuevamente a una gran piscina que hay en el templo y en lenguaje de señas accedió amablemente a ser retratado.

Ya transcurrido algunos días me di tiempo para visitar ciertos lugares turísticos que tiene la ciudad. Son sitios cargados de historia y con una arquitectura increíble. La primera visita fue a la tumba de Humayun, un emperador mongol fallecido en el año 1556. Este gigantesco mausoleo de color rojo fue mandado a construir por su esposa, se cree que esta construcción fue la inspiración para casi 100 años después construir el famoso Taj Mahal en la ciudad de Agra. En el interior del mausoleo se pueden ver las tumbas de algunos desconocidos que acompañan al emperador.

A 230 kilómetros de Nueva Delhi se encuentra una de las 7 nuevas Maravillas del Mundo, el Taj Mahal en la ciudad de Agra. Durante muchos años había soñado con conocerlo, con estar ahí y dejarme maravillar con lo que el hombre ha construido. El famoso Taj Mahal fue construido entre los años 1631 y 1654 por orden del emperador musulmán Shah Jahan en honor a su esposa fallecida. Esta historia de amor comenzó en un bazar de joyas donde el emperador se enamoró de una chica que miraba las piedras preciosas y el hombre para dárselas de Galán le compró un collar de diamantes. De esa forma la chica se enamoró del collar y de paso también se enamoró del emperador con quien contrajo matrimonio el año 1612. Años después y al dar a luz a su hija número 14, su amada no resistió el parto y falleció pero sin antes pedirle a su esposo que construyera en honor a ella un monumento único en el mundo. Y ahí lo tienen, el Tah Mahal.

La India es un país que sorprende en cada esquina. La cultura es tan potente que donde vayas te sentirás no sólo como un extranjero, sino como un extraterrestre. Por lo menos así me siento yo.

Wladimir Olguín Bazaes / Fotógrafo Behindatrip

 

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