Mi llegada a Rusia

Uno de los requisitos que la Unión Europea te pide antes de timbrar tu pasaporte de ingreso es mostrar un ticket de salida de su territorio. Por eso decidí comprar un boleto a Rusia, así sin más. Lo tomé desde Berlín a San Petersburgo calculando aproximadamente llevar 2 meses viajando.

Mi llegada a Rusia

Para tomar el vuelo regresé un día antes a Berlín donde me esperaba Daniel, un chico viajero que conocí en Bratislava hacía algunas semanas antes. Me hospedó en su casa la noche anterior y chequeamos la vía más expedita para llegar al aeropuerto Tegel (TXL), el más importante de Berlín. Salí de casa a las 07:00am para alcanzar a combinar un bus, un metro y otro bus en casi 50 minutos, todo a tiempo. Se imaginarán hacer transbordo de buses con una mochila gigante y otra más pequeña pero no menos pesada. Si bien es cierto el servicio es puntual, limpio y tecnológicamente perfecto, el transporte urbano alemán es uno de los más caros que he debido utilizar.

Tomé siempre puntual el vuelo desde Berlín a San Petersburgo en la línea aérea rusa S7, que en general prestó un buen servicio, sin sorpresas. San Petersburgo es frío en otoño, muy pocas veces sale el sol y cuando sale hay que aprovecharlo. El día que llegué estaba soleado, pero sólo fue un espejismo ya que nunca más lo vi, le siguieron días nublados y de lluvia, aunque suave, es lluvia después de todo.

 

Para llegar a mi hospedaje, la casa de Arina, una chica rusa que encontré por Couchsurfing y que me hospedó por las primeras 2 noches, tenía la opción de tomar un taxi directo o llegar a una estación de metro. Al salir del aeropuerto un taxista se me acercó y decidí preguntarle el valor del trayecto a Prospekt Veteranov, el área donde me dirigía. Me dijo: “one hundred and fifty rublos”. Me sorprendió el precio y le pregunté otra vez ¿tan barato?, y me dice, -“Si, 150 rublos”. Y obviamente le dije que si, cargamos las mochilas y nos fuimos. Una vez en la carretera preferí asegurarme y le mostré mi celular con la cifra.

-¿Esto fue lo que me dijiste cierto? -“No”, me respondió “es uno, cinco, cero, cero”

-“Pero eso no fue lo que me dijiste, eso es mucho dinero”. -“Ok, puedo dejártelo en $1.000 rublos”

-“No, eso es muy caro aún, detén el auto me voy a bajar”. Acción bastante temeraria pensando que estábamos en medio de una autopista, pero creo que cuando te ves decidido existe menos margen a ser engañado.

En resumen estaba recién llegado a Rusia y me encontraba en medio de la carretera con mi mochila pensando en cómo llegaría a la ciudad. Afortunadamente siempre diseño una ruta alternativa  y busco por Google el camino más adecuado. El bus 39 desde el aeropuerto no demoró mucho en pasar y por 40 rublos  (0,69 dólares) me dejó en la estación de metro Moskovskaya, la más cercana.

En ese lugar me enfrenté quizás al mayor reto de mi viaje: descifrar los nombres de las estaciones de metro en ruso. Por 45 rublos tomé un tren, hice transbordo y llegué a mi destino por $85 rublos en total (1,5 dólares), muy distantes de los $1.500 rublos (25 dólares) que pretendía cobrarme el taxista.

Al salir de la estación Prospekt Veteranov, un lugar lejos del centro, me esperaba un paisaje muy distinto a las glamorosas postales de San Petersburgo, con mucha gente vendiendo comida, verduras y flores en la calle, principalmente ancianas con pañuelos en la cabeza conocidas en Rusia como «babushkas», una escena que se repetiría en el viaje.

Luego de caminar por 6 a 7 cuadras llegué a la dirección de Arina, mi anfitriona quien no estaba en casa pero me dejaría las llaves de su departamento en la conserjería. Intenté hablar con el guardia a la entrada del edificio pero no nos entendimos. Con algo de mímica, el hombre llamó a una vecina que me indicó el edificio correcto. La conserje tenía las llaves del departamento y para mi sorpresa me las entregó con una sonrisa en el rostro, segundo piso. Sentí el alivio propio del que busca un lugar y finalmente lo encuentra. Ya estaba en Rusia.

Fotografías ©Nelson González Arancibia

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