Sofá compartido

Sofá compartido

Cada vez que llegas a la casa de un nuevo anfitrión te encuentras con un mundo por descubrir, algo muy distante de la comodidad de un hotel, pero mucho más interesante cuando se trata de recordar lo que te dejó el viaje.

Antes de llegar a Bratislava en Eslovaquia mandé varias solicitudes de hospedaje a través de Couchsurfing y Mónica fue la primera en responder. Ella fue muy amable en recibirme, pero antes de llegar a su casa me envió un mensaje y me dijo “Nelson, tengo un problema. Un chico de Berlin a quien acepté hace unos días retrasó su llegada y me avisó que hoy estará en la ciudad. ¿Es problema para ti si le digo que puede venir hoy?”. Le respondí que no necesitaba preguntarme nada, que ella era la dueña de la casa y que podía hacer lo que quisiera. Aquel día nos encontramos en el centro de la ciudad, ella venía con Daniel el chico alemán que se hospedaría con nosotros. Fuimos a degustar comida eslovaca típica a un restaurante, luego a un bar por unas cervezas y finalmente tomamos un taxi a casa.

El departamento estaba ubicado en una zona residencial un poco lejos del centro. Era un cuarto piso, se veía limpio y ordenado.
Mónica me preguntó:
– ¿Tienes problemas en compartir la misma cama?.
– No, en lo absoluto, le dije desplegando toda mi mente abierta de viajero. Pero en realidad se trataba de un sofá-cama y mi compañero sería el chico alemán. Con Mónica nos quedamos charlando un poco más en la cocina, mientras Daniel, que ya había bebido suficiente, se instalaba en el sofá. Pensaba que no había nada de malo en compartir un espacio para dormir, imagino que muchos viajeros lo hacen todo el tiempo, pero en realidad era algo nuevo para mi. Muchas veces me sucede que cuando duermo en un lugar nuevo y despierto a medianoche me tardo unos segundos en recordar ¿dónde estoy?, mucho más si hay alguien a mi lado. Para evitar sentirme incómodo decidí acostarme al revés, mirando a los pies de mi compañero de sofá, eso me pareció la mejor solución. Tratando de conciliar el sueño pensaba en lo extraño y gracioso que era todo, algo que seguramente estaría en mi lista de cosas para recordar de este viaje. La mañana siguiente Daniel siguió su camino y yo salí a conocer Bratislava sin novedad. La noche siguiente tuve todo el sofá para mi.

Fotografía ©Nelson González Arancibia

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