Haciendo Couchsurfing en Francia

Puede ser sobre el piso, en un saco de dormir o en tu propia habitación si tienes suerte, cuando viajas usando Couchsurfing puedes encontrar sofás 5 estrellas en todo el mundo y ser recibido en lugares donde nunca pensaste hacer amigos.

Más allá de la belleza de las ciudades o de lo exótico del paisaje, lo que verdaderamente me interesa es conocer un poco más a quienes viven en esos lugares y nada mejor que hospedarme en sus propias casas. ¿Te imaginas llegar a dormir a la casa de auténticos desconocidos?. Estas son 4 historias de mi experiencia viajando por Francia. 


Haciendo Couchsurfing en Francia

1. Manu, Paris, Francia / Manu es quizás uno de los anfitriones más entusiastas que he conocido. Vive en un pequeño, pero pequeñísimo departamento en París y hospeda a todos los viajeros que puede. Lo conocí en una reunión de Couchsurfing y al día siguiente me mudé a su piso por una noche. El es un tipo sencillo y relajado. Tal vez demasiado relajado. El día que llegué, dejé mi mochila y mis cosas en su casa para salir inmediatamente y unirme a un paseo que organizaba el propio Manu con otros chicos de Couchsurfing.


Visitamos varios lugares de arte callejero y una vieja estación de trenes, atravesando un largo túnel donde viven personas sin hogar en medio de la basura y las ratas, muy lejos del glamour de la Torre Eiffel o el Arco del Triunfo. Aquel día por la noche estaba planeado un nuevo picnic de Couchsurfing, lo que no nos dio tiempo de regresar al departamento. Tomamos el metro directo y nos dirigimos a orillas del río Sena donde unos 30 viajeros ya estaban reunidos. Cada uno llevaba su comida y bebidas para compartir un rato de charla e intercambio cultural. Cerca de la medianoche, con varias botellas de vino abiertas, Manu me dice “si quieres irte a dormir puedes hacerlo, no hay problema, dejé la puerta sin llave”. Al principio pensé haber escuchado mal, pero me volvió a aclarar la situación “no necesitas la llave, la puerta está junta, sólo debes empujarla”. Tan rápido como pude, corrí al metro y llegué de regreso. Empujé la puerta y efectivamente sólo estaba junta. Afortunadamente mi computador, mis cámaras y mis discos portátiles con todas las fotos del viaje seguían ahí.


2. Carole, Nantes, Francia / Llegué a Francia invitado por Carole quien estuvo en mi casa en Chile junto a otras dos chicas francesas a través de Couchsurfing hace ya un par de años. Aunque Francia nunca estuvo en mi plan original, Carole demostró real interés en mostrarme su pueblo y su país.

¿Vendrás a Francia?, ¿Ya llegaste a Europa?, ¿visitarás Francia?, con ese entusiasmo no podía negarme mucho tiempo más!.

Llegué a Nantes desde el País Vasco español y me hospedé en el departamento de Toma (así, sin “S”), el novio de Carole. Esa misma noche fuimos al centro de la ciudad a ver los fuegos artificiales porque se conmemoraba el Día Nacional de Francia. Fue otro momento mágico del viaje, apenas llegaba a un nuevo país y ya me recibía con algo especial. Al día siguiente partimos a casa de la madre de Carole en la campiña francesa donde pasé las siguientes 2 noches como uno más de la familia.


3. Melanie, Nantes, Francia / Una tarde noche de julio llegué a Nantes a hospedarme con Melanie. Ella fue a buscarme gentilmente a la estación de buses, pero en realidad era la única opción porque su casa queda un poco lejos de allí. Cada vez que llego a una ciudad y me encuentro finalmente con mi anfitrión me siento mucho más relajado, sobre todo al entrar en su casa y sentir que llegué a un verdadero hogar. La primera noche Melanie me mostró mi cuarto y me ofreció algo de comida. Abrí mi mochila y saqué algunas cosas tratando de no desordenar nada.


Era el cuarto de unos chicos que vivían en la casa pero que estaban de viaje. Habían afiches de teatro y circo pegados en las paredes, un escritorio, libros, un perchero con ropa extraña y colorida y un colchón en el suelo. Al día siguiente me enteré que era el cuarto de Eloi y Camile, una pareja de actores que estaban trabajando fuera de la ciudad. En aquella gran casa de dos pisos vivían 6 personas: una pareja de músicos, una pareja de actores, un restaurador y Melanie, más un perro, dos gatos y dos gallinas, todos con su nombre y su espacio. A los otros miembros de la casa me los fuí encontrando de a poco, cada vez que bajaba a prepararme el desayuno me encontraba con alguien nuevo que siempre me saludó como si yo fuera uno más de ellos. Los chicos tienen un pequeño huerto donde plantan su propia comida, reciclan el agua y comparten deberes como una verdadera comunidad. Melanie me dijo un día “puedes tomar lo que quieras, estás en tu casa”. Después que los actores regresaron de su viaje me instalé en la sala con mis cosas a dormir en el sofá, ese fue mi cuarto por 4 noches.


4. Martin, Saint-Malo, Francia / Más allá de la ostras, del vino, de la mañana lluviosa y caprichosa de la costa de Bretaña, lo verdaderamente importante de este día fue compartir la mesa con mi amigo Martín, un tipo verdaderamente hospitalario. Martin es alemán, pero vive hace 25 años en Francia.

El es un experimentado viajero, de esos que dicen “vivo para viajar”. Comenzó sus aventuras a las 16 años con una bicicleta acompañado de un amigo y desde ahí no ha parado.

Martin es profesor de geografía y ha trabajado de piloto de globo aerostático, instructor de sky, de natación, de paracaidismo y actualmente es instructor de buceo, algo que le permite viajar y estar en contacto con la naturaleza. Tuve gran fortuna al pedirle me hospedara algunas noches en Saint Malo, una encantadora ciudad de la costa de Bretaña, Francia. Cuando le pregunté, porqué llegó a vivir a Saint Malo, me dijo “estaba enamorado de una chica”. Esa es una historia que se repite de vez en cuando.

Fotografías ©Nelson González Arancibia

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