Les Dandys, Nantes, Francia

La primera impresión de Eloi y Camille me la hice sin haberlos visto nunca antes en mi vida. El día que llegué a Nantes, Melanie, mi anfitriona de Couchsurfing, me ubicó en un cuarto bastante particular, con extraños vestidos de colores sobre un perchero, bufandas de plumas, ropa con lentejuelas y muchas fotografías por todas partes. Traté de no desordenar mucho y me instalé a escribir un poco en la única esquina vacía que tenía el escritorio junto a la puerta. Desde ahí podía mirar los afiches puestos en los muros y el techo, algo que para mi no pasó desapercibido.

«Me hablaron de la gira, de la vida del circo, de lo increíble que es ir de un lugar a otro haciendo lo que amas».



Aquella sensación de llegar a un lugar habitado, lleno de místicas historias de vida escritas en un lugar muy diferente al mío me hacían pensar en lo lejos que estaba y en lo profundamente afortunado que me sentía. Había dormido en el cuarto de una pareja de actores que conocería al día siguiente de una manera tan espontánea como mi propio viaje.

Eloi y Camille estaban esos días trabajando fuera de Nantes. Me los encontré en la cocina de la casa mientras preparaba el desayuno. Ahí me contaron algunas de sus historias, como el haber trabajado en un circo en Rusia, algo que de sólo escuchar me dibujó una amplia sonrisa. Me hablaron de la gira, de la vida del circo, de lo increíble que es ir de un lugar a otro haciendo lo que amas.

Por eso, más allá de compartir una casa por algunos días, entendí que estaba frente al tipo de personas que salí a buscar en este viaje, gente que sin hacer mucho esfuerzo ni presumir de sus logros me lograba inspirar.

©Nelson González Arancibia

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